En lo profundo de una cadena montañosa, existe un bosque donde los árboles son tan antiguos que parecen guardianes del tiempo. En su centro, una cabaña de piedra casi derruida, conocida como el Refugio del Fraile, ofrece un respiro del bullicio urbano.
Ese lugar donde el olor a grano tostado se mezclaba con nuestras confesiones. No era el más elegante, pero las paredes descascaradas escucharon planes que el mundo aún no conoce.
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El secreto de estos lugares no es un pacto de amor, sino un pacto de supervivencia. No decimos: "Este es mi lugar secreto donde lloro". Lo guardamos en el bolsillo interior de la chaqueta, junto al corazón, como una piedra afilada.